CORAL CASTLE

Había un vez, en un país llamado Latvia, cuyas costas recibían el baño ambarino del legendario Mar Báltico,  una bella joven  de dieciseis años prometió amor eterno a su amante enamorado.  Se llamaba Agnes y él, Edward. Todo estaba listo en aquel lejano día de 1910 para la boda, pero el novio ingenuo no esperaba el descenlace que tendría su historia de amor: Agnes, en vísperas del esperado matrimonio, canceló todo sin que se supiera jamás el motivo de aquella decisión y el joven Edward, desesperado, desapareció para siempre de su vida.

Ese fue el motivo por el que aquel menudo hombre llamado Edward Leedskalnin, viajara miles de kilómetros y llegara a los Estados Unidos. Después de detenerse en varias ciudades, llegó al fin a La Florida y en 1920 construyó su primer castillo en memoria de la amada que le había roto el corazón. En 1936 compró algunas tierras en Homestead, a 15 kilómetros del emplazamiento de su castillo y lo trasladó, piedra a piedra, para hacerlo aún más grande y asombroso.

Utilizando piedras rudimentarias, ese hombre de apenas 45 kilos de peso movió 1100 toneladas de rocas, algunas de ellas de hasta 30 toneladas. ¿Cómo lo hizo? Ahí está el misterio. Trabajaba de noche, nunca dejó que nadie absolutamente lo ayudara. Se sabe que usó un rudimentario sistema de poleas y trípode, pero algo más sabía. Unos niños cuentan que una vez vieron las gigantescas piedras como levitando en la oscuridad, y se habla de un sistema de magnetismo que quizás habría usado, por una caja negra que apareció en algunas fotos y que nunca se encontró.  Dicen que Edward conocía el secreto de las pirámides y de las piedras de Stonehenger, pero todo quedó en el secreto tras su muerte a los 64 años. Sus escritos sobre magnetismo y fuerza nunca han sido tomados en consideración por la comunidad científica.

Hoy, el Castle Coral es visitado diariamente. A la entrada, una puerta giratoria de 9 toneladas, que descansa sobre una piedra menor, engastada a su vez en los rodamientos de una vieja rueda de camión, todo en un equilibrio perfecto que permite mover la mole con un solo dedo. Planetas, fuentes, camas, sillas, mesas, escaleras, relojes, murallas, torres… todo de piedra coralina, filosa y frágil, fue la hercúlea tarea de Edward, durante muchos años.

En una mesa en forma de corazón cenaba, quizás el corazón más grande que un hombre haya dedicado a su amor. Allí sembró unas flores, al centro, que aún hoy se mantienen siempre vigorosas.

Agnes supo de su castillo, pero nunca vino a visitarlo. 

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6 comentarios en “CORAL CASTLE

  1. Maguna: gracias, es una historia extraña, verdad? única…
    Kikuna: no sigas que si me caigo, jaja besitos
    Loque: jeje es que todo se ha quedado así para siempre, en el misterio, lo único que nos han dejado esos dos
    son interrogantes

  2. Me parece encantador su forma de describir estos lugares..y de como hace que quiera visitarlos. Es un placer encontrar un blog que hable de las bellezas no comerciales.. Veo que ya tiene algun tiempo sin escribir, ojala pronto pueda disfrutar otra de sus entradas

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