FLAMINGO GARDEN

Mi esposo y yo tenemos un amigo que nos salva de esos domingos de bolsillos vacíos y viene a espantar los gorriones que llenan la casa con un inesperado: “!los recojo en diez minutos!”… y a correr.

Así nos hizo una tarde en que, sin saber a dónde íbamos, salimos de Miami hacia el Norte y en hora y media o poco más, llegamos al Flamingo Garden, sin ninguna referencia. No es solo un zoológico o un jardín botánico, sino  una mezcla de ambos, con senderos para caminar, y un intercambio delicado con la naturaleza misma, a la mano. Lo más impresionante, es que puedes entrar bajo una gigantesca jaula, y andar con todo tipo de aves, lo mismo volando sobre ti que caminando entre tus pies. La nota simpática la pone un aviso: no mirar hacia arriba con la boca abierta.

Hicimos un recorrido en tren por caminos llenos de árboles exóticos y lagos pequeños. Además del cadencioso flotar de los cisnes, que siempre es admirable, me sorprendió el vuelo de los pavos reales, un ave de tanta envergadura resulta extraño  verla sobre los árboles.

En un claro entre la vegetación tan tupida, nos reunimos con otros visitantes y un experto nos habló de algunas especies interesantes, trajo una serpiente, un erizo, un condor… me dejó con ganas de ver más.

El lugar es tan hermoso, que a veces algunas parejas lo eligen para hacer sus bodas allí, junto a una glorieta romántica , y un jardín lleno de orquídeas, todo precioso, todo perfecto. Pero sin lugar a dudas, el plato fuerte es el lago donde se reúnen cientos de flamencos, con un rosa fuerte que cautiva y ante ese lienzo natural, busqué si había algún cartel que me prohibiera abrir la boca, pero no.

Así salvamos aquel domingo, gracias a nuestro amigo que, olvidé decirles, le gusta mucho la fotografía.

Fotos: Robert Quintans

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2 comentarios en “FLAMINGO GARDEN

  1. Querida Adela:
    Me alegra mucho saber de tí. Sobre todo me satisface que te encuentres a gusto y con ganas de pelear por caminar en esta nueva senda que has estrenado en Miami.
    Solo quiero decirte que se te extraña en La Habana. Yo sigo viajando con frecuencia, aunque ultimamente algo menos. Los gastos aumentan, los precios son algo escándalosos y la crisis obliga a ser precavidos, pero que va, no puedo dejar de ir a mi Habana. Visitar a tantos amigos que allí conservo, aunque algunos, tal vez demasiados han ido lentamente cambiando de ubicación geográfica………..
    !Como extraño la vista a Adela para ver si tenía alguna cosa interesante! Casi siempre había algo especial y nunca dejé de hallar piezas interesantes. Ahora voy hasta la casa de Luis, tu vecino y amigo cercano, y allí también encuentro siempre algo, pero tras la visita a Luis y un paso breve por Colón, donde llevo unas flores a una vieja amistad que allí pasó a residir hace varios años, en el Panteón de los Hijos de Origueira, y que yo quería mucho, ya no camino hasta tu casa. Ya no está Adela. Aún el año pasado me acerqué a saludar a tu madre, que si, me recordó. Luis me ha dicho que tu hijo ya marchó también.
    Cada ausencia nueva es una tristeza que aumenta. A mí me gustaría que todos pudieran ser felices en su propio mundo, y que La Habana fuese en cualquier aspecto, esa tierra y ese ambiente maravilloso que yo descubrí hace ya tantos años, y que tanto amo. Me gustaría que permaneciese con el encanto que yo la viví en otro tiempo, aunque esto tal vez pueda confundirse; quiero decir que naturalmente deseo que evolucionen muchas cosas, y que cada uno avance y se sienta cómodo hasta el punto de no tener que plantearse viajar para poder desarrollar un proyecto de vida razonable. Por eso digo que me entristece ver que cambia tanto y tan rápido, y que las personas, los amigos, los conocidos, ya no están. Yo nunca los olvidaré.
    Tengo en mi modesta pero cuidada biblioteca casera algunas piezas que siempre que las veo me hacen recordarte. ¿Una de ellas? El libro de reconocimiento de la República de Cuba en el año de la independencia. Los facsimil de las cartas de Jefes de Estado y Soberanos que reconocían con aquel texto el nacimiento de una nueva nación. Ese libro, que no es el más valioso, pero que yo estimo especialmente, siempre le trae a la mente a Adela. No es el único, hay algunos otros. En fin Adela, que solo deseo decirte que me alegro que estés bien y sigas caminando, aunque sean nuevos senderos algo alejados del pasado.
    Te envío un abrazo desde Madrid y confío en que recuerdes mi nombre y mi persona y me puedas identificar, como viejo y esporádico cliente.
    Buena suerte. JOSE ANTONIO ARENAL

    • Claro que sí lo recuerdo con mucho cariño, usted siempre tenía la elegante costumbre de traer unas flores. Me alegro mucho que siga visitando a Luis, es mi amigo y siempre va a tener alguna cosa de interés. Probablemente el mes próximo vaya a Cuba y ya el propio Luis me contará de usted. Quien sabe si más adelante coincidimos y nos ponemos a conversar de libros y de la vida en general como hacíamos antes en el portal de mi casa. La vida es más bella con gente como usted que lo recuerda a una con cariño. Gracias por acercarse a mi blog. Le envío mi correo al suyo.

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