CAYO LARGO

Una hora. Solo una hora nos tomó llegar del centro de Miami al primero de los cayos de la Florida. El día parecía una plantilla prediseñada para la excursión ideal, así que, entusiasmados como chiquillos, salimos a uno de los paseos más hermosos que hemos disfrutado en esta península generosa.

Los cayos bordean la costa Este del sur de la Florida y desde principios del siglo pasado hay una carretera que los une, facilitando el acceso en auto, sin agredir demasiado la exhuberante belleza que regalan.  Cayo Largo tiene la ventaja de la cercanía, así que lo imagino más floreciente, se siente  un movimiento,  una cierta competencia silenciosa entre vecinos por engalanar fachadas con motivos marinos, que le dan a la isla un aire pintoresco muy atractivo para cualquier turista.

Nuestra primera parada fue en el Parque John Pennekamp, y una vez allí nos dimos cuenta que un día iba a ser poco para todas las opciones del lugar. Compramos las entradas al paseo en el barco con suelo de cristal,  bien podíamos haber escogido hacer snocker, o buceo, o pasear en kayacs, pero eso será otro día prometido.

Como había tiempo antes de la salida del barco, nos compramos gorras y pulloveres de souvenir en una surtida tiendecita. Renovados,  entramos a un pequeño acuario que superó las expectativas, pequeño sí era, pero bien equipado y ambientado con muy buen gusto y mejor rigor científico, seguramente visita recurrente de los niños de la escuela local.

Hasta las doce y media no salía nuestro barco, aprovechamos para pasear por la playa, tomar bellísimas fotos, jugar en el mangle, caminar por las rocas, contemplar las aves y la vegetación, atravesar un puente …y al fin regresar y tomarnos un refresco antes de subir definitivamente al catamarán.

El paseo es precioso. Cuarenta y cinco minutos de travesía nos llevan entre islotes mar afuera,  hasta detenernos en el lugar escogido para la observación del fondo marino y  mirar, mirar, mirar.  Allí coincidimos con los  más adiestrados que se atrevieron a bucear y tocar una de las más grandes barreras coralinas del país. Cuando el barco alcanzó el máximo de velocidad tuvimos que deshacernos de las gorras para no perderlas y para tampoco perder el momento, algunos abrimos los brazos al estilo De Caprio y Winslet en el Titanic, atrapando en el rostro el golpe del aire para permanecer esos segundos totalmente enajenados.

La segunda parada del día fue el colofón: The Fish HouseUn restaurante con largos años de experiencia, un servicio de excelencia, rápido, agradable, exótico.  Busquen allí donde dice Matacumbe . No sé si será bueno incitarlos a hacer la receta de este plato, uno de los mejores pescados que hemos comido en la vida, pero es que  todo parece indicar, como dice el slogan del lugar, que “podrá ser imitado pero jamás superado”…ellos sabrán.

Un día de los grandes, del que solo nos separaba… ¡una hora!

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2 comentarios en “CAYO LARGO

  1. ¡Qué bien que estás otra vez por las ondas, Ade! Ya me lo leí todo, El inicio, el jardín japonés y tu preciosa muñeca Morikami, el Beatside y este Cayo Largo, luminoso y sensual. Disfruta de todo y cuéntanoslo, que me encanta participar de tus experiencias y acompañarte en tu viaje.
    Un abrazo de bienvenida.

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